APPO: punto de quiebre.

APPO: punto de quiebre (Del periodico NOTICIAS)

Sociedad abierta


ERNESTO REYES

Víctima de un exagerado optimismo al creer que podía derrotarse al aparato represivo, tal como se había repelido a la PFP el 2 de noviembre, en la “ Victoria de Todos los Santos” ( donde activistas jóvenes se liaron en inmediaciones de Ciudad Universitaria con 3,500 efectivos provistos de tanquetas con chorros de agua, lanzagranadas y el apoyo de 3 mil policías estatales, ministeriales y municipales), la APPO creyó tomar el cielo por asalto en la manifestación del 25 de noviembre de 2006.

El enfrentamiento de ése sábado fatal, trajo como consecuencia 141 detenidos en el acto, más el arresto, el día 28, de Erick, hermano de Flavio Sosa Villavicencio, quien a su vez sería capturado el 4 de diciembre en la ciudad de México, así como otras aprehensiones realizadas posteriormente.

Por las imágenes difundidas, destacando incendios y destrozos que escondieron detenciones arbitrarias y maltrato contra los appistas que fueron concentrados en la Alameda de León por efectivos de la Policía Federal Preventiva, se profundizó la idea a nivel nacional de que este no era un movimiento social de raigambre popular, sino un grupo de vándalos causantes de terror y de afectaciones a la propiedad privada y edificios públicos.

Esto se coronó con el trato de criminal, peor que a un narcotraficante, dado al traslado del líder visible de la APPO, Flavio Sosa hacia un penal de máxima seguridad, en imágenes que recordaban las de Abimael Guzmán, líder del peruano “Sendero Luminoso”.

Flavio sigue ahora recluído injustamente en el penal de Cuicatlán acusado de la autoría intelectual de la riña del 25 de noviembre; su hermano Erick acaba de salir antes de cumplir un año de su detención, también injusta porque acaso la justicia quiso castigar su actividad de bombero que desarrollaba en el aeropuerto local, pero no de los que instalan o lanzan “bombas” subversivas, sino de quienes controlan incendios y salvan vidas.

Resultado de estos hechos también, está preso también otro conocido activista David Venegas, alias El Alebrije, cabeza de uno de los grupos que en días recientes ha difundido posicionamientos en los que señala y critica traición de varios líderes y voceros de la que pudiéramos llamar APPO moderada, frente a los considerados ultras o radicales. Éstos en su descargo, descalifican a los grupos “marginales” que han convocado sin éxito a asambleas de la APPO, dicen, sin tener representatividad.

Una plenaria “institucional” de la APPO realizada apenas, arrojó acuerdos para proseguir actividades de protesta y resistencia, pero no parece haber existido autocritica sobre sus formas de lucha, el alcance y vigencia de sus demandas, pero sobre todo, la forma de contener las descalificaciones y acusaciones públicas entre los grupos, grupúsculos y organizaciones, en una carrera que parecería llevar a la autodestrucción porque cada quién pretende demostrar el “estado puro” de sus posiciones y encontrar en el otro vicios de corrupción y tratos con el Estado.

Este ambiente, parece ser aprovechado por el gobierno para instigar linchamientos físicos y verbales contra Zenén Bravo, a la sazón diputado de Convergencia, a quien jóvenes encapuchados agredieron apenas el jueves para dar idea de un ajuste de cuentas entre grupos de la APPO. Lo mismo que pasó en los años setenta, dentro del Movimiento Democrático Universitario, cuando los ultras, identificados con la Unión del Pueblo, antecedente del EPR, ajusticiaron a los hermanos Cortés Gutiérrez y al secretario general de la UABJO, Carlos Hernández Chavarría.

A Zenén lo acusan algunos de estos grupos de estar “vendido” al Estado por haber sido elegido por la vía plurinominal diputado a la LX Legislatura del Congreso local, sin precisar que en el proceso electoral pasado hubo dos posturas dentro de la APPO que por una parte impidió buscar posiciones en nombre de la organización, pero por la otra dejó libertad de hacerlo a quienes quisieran postularse a un cargo de representación popular, con la advertencia de que serían cesados automáticamente de sus funciones dentro del cuerpo dirigente de la APPO.

Una escena que evoca las diferentes posiciones que siempre han estado vigentes dentro del movimiento –quienes apostaban por la acción directa, es decir, el enfrentamiento contra el Estado, frente a quienes preferían no cerrarse a las negociaciones con el Gobierno, llámese Secretaría de Gobernación, Congreso federal, etcétera, entre los que destacaba el sindicato magisterial- se produjo en inmediaciones de Santo Domingo, ése 25 de noviembre.

Subido en una jardinera, Flavio Sosa convocaba a sus compañeros a la calma, a la prudencia, a no exponer a la gente, mientras los jóvenes más aguerridos le gritaban a Sosa: “bájate, pinche gordo, bájate a pelear, no le saques”, le decían, valentones, mientras éste, impotente y preocupado, sólo acertaba a decir, desolado pero realista: “No podemos hacer nada en este momento, compañeros.”

El enfrentamiento del 25 de noviembre, instigado desde las azoteas por policías y provocadores enviados por el gobierno que constituyó una “trampa” para justificar detenciones masivas, había sido aprovechado por jóvenes (punketos, banda, con el rostro cubierto, los más, y miembros de algunas barricadas) quienes provistos de piedras, palos, cohetones, resorteras, remedo de bazookas y demás instrumentos, arrastraron a la multitud a una batalla desigual que nunca fue autorizada táctica y estratégicamente por la asamblea estatal de la APPO y del magisterio.

Sin embargo, el término empleado como objetivo de la marcha: “acordonamiento pacífico” de la PFP, constituyó en sí mismo un lamentable error táctico y un pretexto para la represión y el castigo contra las protestas que a un mes casi del ingreso de la tropa a la ciudad de Oaxaca, seguían vigentes.

Muchos manifestantes, impregnados del espíritu de cuerpo que aparece en momentos críticos, o que simplemente se defendieron de la agresión policial, encontraron en el combate cuerpo a cuerpo una salida para expresar su furia y frustración, no sólo por la presencia de la fuerza pública, que en cuatro días retomó el control de vialidades y plazas de esta capital, sino de un largo periodo de conflicto en el que nadie hizo caso de sus demandas; por el contrario, desde altas esferas del gobierno federal se alentó la polarización para que Oaxaca se pudriera política y económicamente.

Este fue el punto más álgido del movimiento que en varias movilizaciones llegó a sumar medio millón de personas o más. La contabilidad de marchantes es difícil pero así lo consignaron diversos medios de comunicación en el momento.

Después del 25 de noviembre, el discurso del movimiento sufrió un cambio radical, como ya venía sucediendo días atrás, anteponiéndose a la demanda de la salida de Ulises Ruiz la liberación de presos políticos y la queja por abusos contra derechos fundamentales de la ciudadanía.

El 25 de noviembre favoreció la permanencia de Ulises Ruiz, protegido por Fox y por Calderón y por la fuerza policial como instrumento de disuasión política, pero también fue el punto de quiebre que determinaría el futuro del movimiento que hoy se debate entre la refundación, la atomización de la APPO en varios movimientos cuyas demandas siguen sin resolverse, o simple y sencillamente a que en cualquier momento se firme el acta de defunción de un movimiento que a pesar de las marchas muestra signos de agotamiento.

Por ello, los actos programados en torno al primer aniversario de la represión del 25 de noviembre, pueden ser una ilusión óptica porque en las entrañas del movimiento germina desde hace tiempo su propia destrucción, para satisfacción del Estado y de quienes, sordos y ciegos, se niegan a aceptar que los cambios en Oaxaca sobrevendrán tarde que temprano. Faltan liderazgos maduros que los encabecen.

Contactos: Ernesto_reyes_647@hotmail.com

tandemmedios@hotmail.com

ernestreyes@prodigy.net.mx

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