Realiza el FPR su primera Asamblea Estatal del año

Una organización, como las hay cientos en un estado donde la miseria es caldo de cultivo para estallidos sociales, se reunió este sábado en algún lugar de la ciudad de Oaxaca. Pero no es cualquier organización, es una organización con un proyecto histórico trazado a largo plazo, creada como proyecto para el pueblo de México y que a tan sólo 6 años de su fundación ha encabezado y forjado luchas a lo largo y ancho del país; allá en la frontera por vivienda para los inmigrantes indígenas, allá en con los mineros michoacanos por mejores salarios, pero todos por una transformación social profunda. Aquí en Oaxaca es una organización que ha dado mucho de que hablar, sobre todo por su importante participación durante el movimiento social del 2006. El gobierno y demás enemigos la tachan como la “más radical de las organizaciones sociales en el estado, las que han auspiciado cosas tan lastimosas como la crisis del 2006”, sus detractores dentro del movimiento la etiquetan como “la organización más traidora entre las traidoras” consigna masticada más por diferencias de proyecto político que por cierta, pero es imposible dentro del movimiento social oaxaqueño no hablar de ella. También, por supuesto, tiene seguidores, campesinos, mujeres, maestros, estudiantes, colonos, transportistas y autoridades municipales de las regiones más pobres y apartadas del estado. Las opiniones del Frente Popular Revolucionario aquí importan y son puestas a debate.

Desde temprana hora, se fueron acercando sigilosos los asistentes a la primera asamblea estatal del año. Al lugar llegaron puntuales, aunque habían bajado de las montañas a más de 8 horas de la capital, los campesinos de al región de la costa, la más golpeada por el régimen fascista de Ulises Ruiz. Ahí, los indígenas de mirada impenetrable y pocas palabras traían su problemática a la asamblea. Presos, detenciones arbitrarias y un desaparecido, el indígena chatino Lauro Juárez, que desapareció durante una movilización. Su lucha es muy parecida a la de los compañeros del istmo, especialmente de San Blas Atempa, y tiene un denominador común, la lucha contra los caciques priístas que han impuesto el terror político para garantizarles la continuidad a gobernadores como Ruiz Ortiz. En la región chatina se llama Fredy Gil Pineda Gopar y en la región del Istmo la cacique se llama Agustina Acevedo, aquí la “dama de hierro”, como le gusta que la llamen, ya se han cobrado dos vidas. Por otro lado de las colonias de la ciudad los jóvenes universitarios vinieron a hablaron de la lucha contra el alza a la tarifa del transporte urbano y las dificultades de la organización estudiantil. Los delegados trabajadores del sector salud sobre los intentos de despido que han sufrido las enfermeras y doctores del ISSSTE por protestar por mejores condiciones laborales. Los maestros que bajaron desde las comunidades más apartadas de Miahuatlán sobre la importancia del relevo de la dirigencia de su sindicato. Se discutió también sobre la necesidad de reactivar y empujar las movilizaciones de la APPO y el pueblo de Oaxaca.

Todos en diferentes trincheras, todos parecían hablar sobre cosas diferentes, pero no es así. Todas las batallas y escaramuzas discutidas y planteadas están orientadas para el mismo camino. Estos hombres y mujeres, con las dificultades y adversidades, tejen con infinita paciencia un proyecto político, una situación histórica. La unidad de los de San Blas y los de Temaxcaltepec, de los universitarios y los maestros, de los trabajadores y desempelados, de los oaxaqueños y los michoacanos. De los obreros y los campesinos del país. “Estamos llamados y obligados a hacer realidad el Frente Único contra el fascismo y el imperialismo, por la revolución proletaria en México” sentenció un apasionado orador, resumiendo estos esfuerzos.

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