Las leyes con sangre no entran

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Por Ricardo Rojo

 

El Rino es uno de tantos vehículos utilizados por la Policía Federal Preventiva (PFP); los mueven a regiones del país según sus planes contrainsurgentes. Tienen un costo superior a los 200 millones de pesos y son donados por el gobierno de Estados Unidos para el supuesto combate a la delincuencia organizada. Están totalmente blindados, de cabo a rabo, soportan el impacto de granadas, pesan 15 toneladas, alcanzan una velocidad de 120 kilómetros por hora y pueden transportar hasta 18 prisioneros a cárceles de máxima seguridad.

La llegada de El Rino a la ciudad de Oaxaca es simbólica, sucede después del acuerdo militar tomado el 11 de noviembre pasado en las oficinas de Aurelio Nuño Mayer en la SEP, donde decidieron dar un trato especial a los estados rebeldes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). En esa reunión estuvo presente, como niño aplicado, el señor Gabino Cué Monteagudo.

Los señores que orquestan la guerra contra el magisterio y la educación pública no ven ni oyen, son omisos a lo que sucede en todo el territorio nacional, ellos no representan los intereses del pueblo mexicano, representan los intereses de la oligarquía, de Televisa, de Mexicanos Primero y de toda la clase política que votó las reformas estructurales para favorecer a los inversionistas nacionales y extranjeros, para entregar la soberanía nacional, para liquidar la Constitución de 1917, para vender el país.

Algunos lectores me han preguntado por qué se ensañan los señores de la guerra contra los maestros de la CNTE, por qué los persiguen, asesinan y encarcelan. La respuesta es muy simple: de las once reformas estructurales aprobadas por los señores de la guerra, el sector que ha cuestionado con toda su fuerza una de ellas es el magisterio nacional, y se trata de la mal llamada Reforma Educativa. Por lo tanto tienen que defenderla y aplicarla a sangre y fuego, usando todo su poder, de lo contrario se pondrían en riesgo sus planes y sería un mal ejemplo para el país y para sus amos imperialistas.

Los señores de la guerra se quedaron sin argumentos para sostener una reforma que de educativa solo tiene el nombre; todo  mundo los cuestiona y los conmina a rectificar, pues están golpeando injustamente a un sector que no es culpable de la crisis educativa que vive el país y que ellos mismos labraron durante muchos años.

El 20 de noviembre pasado concluyó en Chihuahua el XIII Congreso Nacional de Investigación Educativa; en este evento se reúnen la mayoría de investigadores educativos del país y hubo invitados de varias partes del mundo. Durante el congreso circuló una carta con más de 200 firmas que los investigadores dirigieron a la sociedad mexicana, a los maestros y maestras del país y a la Secretaría de Educación Pública.

Palabras más, palabras menos, los investigadores educativos plantearon lo siguiente: 1) Se debe transformar la educación pero con equidad e inclusión social para fortalecer una ciudadanía crítica y solidaria, 2) La reforma educativa no tiene proyecto educativo, se reduce a la administración del sistema escolar, a regular las condiciones laborales del magisterio y a imponer una evaluación vertical y autoritaria, 3) La reforma educativa se ha hecho sin consultar a los maestros, se les concibe como objetos y no como sujetos y se les conduce a una situación límite: someterse o perder el empleo, 4) La evaluación es punitiva, sus criterios y prácticas son imperfectas y poco confiables, la prisa en su diseño y construcción la invalida pues existe una gran improvisación que pone en juego las condiciones de vida de cientos de miles de maestras y maestros, 5) Ni la violencia, ni la administración selecta de la justicia con fines políticos, son adecuadas para resolver la gran polarización que ha provocado la reforma gubernamental, ni permiten atender las profundas necesidades educativas de nuestro país y 6) Hay que sustituir el ruido y la amenaza con espacios para el debate, el diseño concertado y la negociación de los caminos por los que ha de transitar la renovación de la educación mexicana.

Los señores de la guerra no saben nada de educación, solo responden a las órdenes de sus amos, a sus aspiraciones políticas y a negociar su impunidad e inmunidad. La presencia en Oaxaca de miles de efectivos policiacos y militares con sus instrumentos de guerra para garantizar la aplicación de una evaluación, solo demuestra el tamaño de su miedo y su temor a discutir públicamente -como ellos mismos lo han pedido-, el presente y el futuro de la educación pública en México. No tienen argumentos pedagógicos, ni didácticos; su lenguaje es el de la guerra, el de la amenaza, el de los golpes, el de la cárcel para todos aquellos que no se subordinan a sus políticas.

Ya llegó El Rino a Oaxaca, ese armatoste de guerra que debería llevarse a una cárcel de máxima seguridad a los que han saqueado las arcas públicas, a los que están en el gobierno y tienen ligas con el crimen organizado, a los que haciendo mal uso del poder asesinan a luchadores sociales, a los que han faltado a su palabra comprometida y plasmada en demagógicos planes de gobierno y no a profesores cuyo único “delito” es protestar contra las injusticias, exigir sus derechos y defender la educación pública. Comprobado: ¡LAS LEYES CON SANGRE NO ENTRAN!

ricardorojo7819@yahoo.com.mx

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