1° de mayo: Frente Único y Huelga Nacional

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RICARDO ROJO
Martes, 3/05/2016

Transcurridos 130 años del día 1° de mayo de 1886, ¿qué comportamiento asumen las centrales obreras y los sindicatos ante el gobierno y ante las reivindicaciones de sus agremiados?, ¿cuál ha sido la política de los medios de comunicación para referirse a las luchas de los trabajadores y a qué intereses se subordinan sus opiniones?, ¿cuál fue la respuesta dada por los patrones y su gobierno títere a las exigencias del movimiento sindical?, ¿qué ha mejorado de las condiciones de vida, trabajo y cultura de la clase obrera desde aquella heroica protesta huelguística por la reducción de la jornada de trabajo a 8 horas, que hiciera posible para el obrero la máxima de ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa?, ¿qué camino han de tomar los trabajadores para emanciparse de su actual condición de esclavos asalariados?

El proletariado de EE. UU., continuó los preparativos de su movimiento desde el 17 de octubre de 1884, cuando la Federación Americana del Trabajo resolvió, en su cuarto congreso, dar un plazo de 18 meses a patrones y gobierno para que legalizaran en todas las fábricas del país la jornada laboral de ocho horas o, de lo contrario, estallaría la huelga general.

Durante 18 meses, los sindicalistas comunistas y socialistas anarquistas trabajaron arduamente por la unificación y organización de la clase obrera; visitaron fábricas, realizaron reuniones y mítines de agitación y propaganda, publicaron miles de folletos y octavillas donde documentaban los beneficios de sus reivindicaciones y desnudaban el origen de la explotación capitalista, a la que los burgueses sometían a los obreros en extenuantes jornadas de trabajo de 14 y 18 horas diarias. La agitación forjó sentimientos de solidaridad y elevó la combatividad, alcanzando a cerca de 700 mil trabajadores.

Para calmar el crecimiento del movimiento, a principios de 1886 el gobierno norteamericano promulga la Ley Ingersoll que implanta las ocho horas de trabajo diarias, que ante su violación sistemática por los patrones provoca protestas en calles y fábricas. La prensa de la época, calificó al movimiento como “indignante e irrespetuoso”. La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (organización de trabajadores en EE. UU.), quiso frenar la participación de sus agremiados a través de una circular: “Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto”. Las bases desacataron la circular de los líderes vendidos y continuaron los preparativos de huelga.

La prensa volvió al ataque. Un día antes de la huelga, el New York Times publicó: “Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo”. El Filadelfia Telegram acusaba: “El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas”. El Indianápolis Journal decía: “Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento”.

Ni los disparos sobre los huelguistas, ni la detención o la horca de varios de los dirigentes, como respuesta dada por la burguesía a una justa reivindicación planteada por décadas por el proletariado mundial, frenó el auge de la lucha de clases y el triunfo de su demanda que gradualmente se fue implantando en la mayoría de los países capitalistas.

En 1924, José Carlos Mariátegui (periodista y teórico marxista peruano) en su artículo El 1° de Mayo y el Frente Único dice que es “en todo el mundo, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx: “Proletarios de todos los países, uníos”.

En el México actual, los sindicalistas democráticos tienen la alta responsabilidad de luchar por la democratización de sus sindicatos, pues la mayoría de estos organismos sirven al gobierno y traicionan los intereses de sus bases.

Así mismo, la política de medios se ha endurecido contra las demandas justas de los pueblos y los gremios. El Estado invierte para amordazar y ocultar los graves problemas nacionales. Las cadenas de televisión -principalmente- no dejan margen alguno para la difusión de las luchas populares y sindicales.

El gobierno títere de Enrique Peña Nieto responde fehacientemente a las directrices del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros organismos financieros internacionales. La política de privatizaciones a través de las reformas estructurales es el pan de todos los días y son acompañadas de leyes policíacas y militares para contener y reprimir a los ciudadanos que protestan. Los dueños del país exigen mayores garantías para sus inversiones y el único camino que tienen son las leyes a modo, las policías y el ejército.

A 130 años de la gesta heroica de los mártires de Chicago, siguen pendientes y por cumplirse las aspiraciones históricas de la clase obrera y los pueblos del mundo, y, por ello, los trabajadores tienen ante sí el gran deber de unir los pequeños o grandes arroyuelos de las luchas en un gran torrente que organice y arrase con todo lo podrido que en sus entrañas contiene el sistema capitalista.

No temo equivocarme y aún sin conocer los resultados de la jornada mundial de lucha del 1º de mayo, me atrevo a afirmar que nuevamente, una especie de “tarántula universal” va a inyectar al “elemento laboral” y los volverá “locos de remate” en la defensa intransigente de sus derechos y la lucha por una sociedad justa, democrática, socialista.

ricardorojo7819@yahoo.com.mx

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