Donald Trump, nuevo representante del imperialismo|En pocas palabras

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Por: Eduardo Barrios

A las 2:00 am del miércoles 9 de noviembre, el periódico The New York Times informaba que Donald Trump tenía 279 votos electorales por sobre 218 obtenidos en ese momento por Hillary Clinton, lo que lo convertía en el presidente número 45 del imperialismo estadounidense.
La manera de elegir al presidente de Estados Unidos es poco común, el voto directo no existe, los ciudadanos eligen candidatos al consejo electoral los cuales se encargan de emitir su votación por estados para la elección presidencial. La victoria de Trump viene con carro completo pues también ganaron mayoría en la cámara de representantes y el senado.
En los análisis y encuestas previas se daba por ganadora a la demócrata Hillary Clinton, por ello, fue tal el asombro de la victoria republicana que las bolsas de Tokio, Londres y México sufrieron los primeros embates, en México el dólar llego a cotizar en $21.00. Y es que el nerviosismo proviene del discurso proteccionista que manejó Trump durante toda su campaña.
Las propuestas de campaña -del presidente electo de Estados Unidos- más visibles fueron: la derogación de la reforma sanitaria pública que subsidia a más de 20 millones de la población norteamericana, la deportación masiva de los migrantes en situación irregular, la renegociación del acuerdo de libre comercio de Ámerica del Norte, retirarse del acuerdo transpacífico (TPP) y construir un muro de contención a migrantes.
Después de las votaciones, Hillary Clinton de manera pública ha reconocido su derrota y ha llamado a la unidad en torno al nuevo representante del país norteamericano. Mientras que Donald Trump en su primer discurso ha omitido hacer mención sobre sus propuestas de campaña, haciendo el llamado de unidad a todos los contendientes.
Todo el globo terráqueo se mantuvo a la expectativa del proceso de elección del representante de Estado de uno de los países que aglutina y ejerce hegemonía en gran parte del mundo.
El imperialismo desde sus entrañas ha parido un nuevo escenario en la lucha de clases, con una nación que se debate en las consecuencias de la crisis del 2007-2008 y las elecciones que han servido para legitimar al grupo de nuevos administradores del aparato de Estado que rendirá cuentas a los dueños del poder.
Las organizaciones civiles y de derechos humanos muestran preocupación ante el discurso machista, misógino y racista que durante toda su campaña manejó Donald Trump.
En atención a la derechización de los gobiernos en América latina ante las oleadas de descontento social, la elección de Donald Trump como representante de Estado no es tan descabellada. Afín a su discurso, el papel de Donald Trump es asimilar el descontento entre la población cada vez más proletarizada y arruinada reorientándolo, acusando a la migración, los acuerdos internacionales y las políticas asistencialistas de la situación que vive el país.
La elección de Donald Trump por parte de los consorcios inmobiliarios, industriales, bancarios, comerciales y militares obedece a: La necesidad de endurecer las políticas de Estado para contener el descontento social creciente; Garantizar los intereses geopolíticos, en esta etapa se han vivido momentos de gran tensión ante la creciente carrera armamentista incentivada por los rivales chinos y rusos. El discurso de Trump totalmente nacionalista es con ese fin; de igual manera el desgaste de la democracia burguesa, aunado a la falta de cuadros jóvenes para dirigir el imperio y un pueblo apabullado ante el temor de mayores consecuencias de una crisis que aún no superan.
Los sectores poderosos al interior del imperialismo han finiquitado sus diferencias, han optado por un representante de Estado con la comicidad de Vicente Fox y una posición ultra conservadora. Se mantiene la tendencia global al endurecimiento de los regímenes de gobierno.
Mientras tanto la reacción popular no ha quedado atrás, en más de 30 ciudades del país se han dado manifestaciones de repudio ante la llegada de Donald Trump, manifestaciones que tienden a disolverse si no se encuentra un proceso organizativo mayor, particularmente en la comunidad migrante.
México, vecino, aliado, dependiente y neocolonia es ya laboratorio para la aplicación de las nuevas medidas imperialistas. Los panistas han de estar sobándose las manos y pensando en el 2018. En pocas palabras.

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