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Fallece Julio Scherer García

7 enero, 2015

cabezalscherer

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Esta madrugada, alrededor de las 4:30 horas falleció el periodista Julio Scherer García.

El fundador de Proceso, murió de un choque séptico. Llevaba poco más de dos años enfermo, principalmente de problemas gastrointestinales. En abril, cumpliría 89 años.

El 17 de octubre pasado hizo lo que sería su última visita a la redacción que tanto amó.

Al despedirse, a las puertas de las oficinas del semanario que fue su vida durante sus últimos 38 años, dijo a este reportero, los ojos húmedos, que Proceso había costado muchos sacrificios y trabajo y se despidió intentando una sonrisa.

Prometió, un hilo su voz, que regresaría para el aniversario 38 del semanario. Ya no pudo.

Siempre lejos de los reflectores, renuente a las entrevistas, fiel a su estilo de vida, sus funerales serán privados.

Al inicio de la década de los cuarentas del siglo pasado, antes de cumplir los 18 años, Scherer García ingresó al diario Excelsior. Tuvo una carrera fulgurante. Inició como mandadero de la redacción y unos días antes de cumplir los 22 años ya publicaba en el vespertino Últimas Noticias y un año después en Excelsior, en cuyas páginas se pueden encontrar notas, entrevistas y reportajes bajo su firma, de septiembre de 1949 a abril de 1976.

Julio Scherer asumió la dirección del entonces el diario más importante del país, a los 42 años, el primero de septiembre de 1968. Desde esa posición, acabó confrontado con los presidentes Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y Luis Echeverría (1970-1976).

A su salida de Excelsior, el 6 de junio de 1976, luego de una maniobra orquestada desde la presidencia de Echeverría, junto con decenas de compañeros de aquel diario fundó el semanario Proceso, cuyo primer número apareció el 6 de noviembre de 1976.

Scherer García, quien asumió la dirección de Proceso a los 50 años, nunca dejó la actividad reporteril. El 7 de diciembre de 2014, un mes antes de su muerte, de 88 años, publicó su último texto a propósito del fallecimiento del también periodista y escritor, su amigo, Vicente Leñero.

Considerado el mejor periodista mexicano de la segunda mitad del siglo pasado y de lo que va del actual, Scherer García estudió la carrera de derecho y de filosofía en la UNAM, pero pronto acabó por dirigir todos sus esfuerzos a lo que sería su máxima pasión: el periodismo.

No hubo tema que no tocara: pobreza, menores de edad, desastres, tragedias, conflictos estudiantiles, protestas laborales, religión, grilla política, asuntos internacionales, pintura, literatura y las artes en general, aunque el de la corrupción gubernamental aparece como una constante.

Bajo su dirección, Proceso publicó portadas memorables como aquella titulada El hermano incómodo, del 19 de noviembre de 1994, acompañada de una foto del recientemente exonerado Raúl Salinas de Gortari.

O esa de La casa de Durazo en el Ajusco en julio de 1983, sobre las corruptelas del que fuera jefe de la policía capitalina en el sexenio de José López Portillo, junto a otro reportaje sobre El Partenón, una narco mansión construida para ese siniestro personaje en Zihuatanejo, Guerrero.

Recordada también es la portada de enero de 1983 con el título El refugio de López Portillo en Acapulco, cuyo reportaje en interiores se destacó curiosamente con la cabeza: Una casita blanca de 2 millones de dólares en Puerto Marqués.

El 8 de enero de 1994, el país en un hilo por la declaración de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en la redacción de Proceso se recibió una invitación del EZLN dirigida a Scherer García para que este, junto con la Premio Nobel, Rigoberta Menchú y el obispo Samuel Ruíz, fungieran como intermediarios ante la eventualidad de un diálogo con el gobierno.

La respuesta del entonces director de Proceso lo pintó de cuerpo entero:

“Agradezco la inclusión de mi nombre al lado del obispo Samuel Ruiz y de la señora Rigoberta Menchú. Sin embargo, mi condición de periodista me obliga a la imparcialidad, difícil de sostener en la doble condición de mediador y cronista de los acontecimientos que vivimos. Debo, pues, cumplir exclusivamente con las reglas de mi profesión”.

Julio Scherer García escribió un total de 22 libros entre 1965 y 2013. Después del primero, titulado Siqueiros: La Piel y la entraña (1965) (FCE 2003), debieron pasar 19 años para publicar el segundo, el inolvidable Los Presidentes (Grijalbo 1986).

El director fundador de Proceso y hasta su muerte, presidente del Consejo de Administración de CISA, la empresa que edita el semanario, se ocupó en sus libros de expresidentes, de la matanza de Tlatelolco, de las cárceles, de sus más renombrados presos, de los presidentes de Chile, Salvador Allende y Augusto Pinochet, y de temas como el de los secuestros y la delincuencia de menores de edad, así como en un par de ellos, a su vida, su única, de periodista.

Después de Los presidentes escribió:

El poder: historias de familia (Grijalbo 1990); Estos años (Océano 1995); Salinas y su imperio (Océano (1997); Cárceles (Alfaguara 1998); Parte de Guerra, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 1999); Máxima seguridad (Random House Mondadori 2001); Pinochet, vivir matando (Alfaguara 2000 y Nuevo Siglo-Aguilar 2003); Tiempo de saber: Prensa y poder en México, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 2003); Los patriotas. De Tlatelolco a la guerra sucia (Nuevo Siglo Aguilar 2004); El perdón imposible (FCE) (Versión ampliada de Pinochet, vivir matando); El indio que mató al padre Pro (FCE 2005); La pareja (Plaza & Janes (2005); La terca memoria (Grijalbo 2007); La reina del Pacífico (Grijalbo 2008); Allende en llamas (Almadía 2008); Secuestrados (Grijalbo (2009); Historias de muerte y corrupción (Grijalbo (2011); Calderón de cuerpo entero (Grijalbo 2012); Vivir (Grijalbo 2012) y Niños en el crimen (Grijalbo 2013).

Scherer García recibió en 1971 el premio María Moors Cabat y en 1977 fue reconocido como el periodista del año por Atlas Word Press Review de Estados Unidos.

En 1986 se le entregó el premio Manuel Buendía 1986 y dos años después rechazó el Premio Nacional de Periodismo, que en ese entonces entregaba el presidente de la república en turno.

En 2001 recibió el reconocimiento Roque Dalton y en el 2002, quizá el reconocimiento que más lo conmovió: el Premio Nuevo Periodismo CEMEX-FNP, promovido por el escritor Gabriel García Márquez, en la modalidad de homenaje.

Un año después, aceptó el Premio Nacional de Periodismo, cuando su organización y entrega se había ciudadanizado.

Ya el 20 de marzo de 2014 recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Y el 3 de octubre pasado, otorgada por el Proyecto Cultural Revueltas, recibió la medalla John Reed por su trayectoria periodística y sus contribuciones a la libertad de expresión.

REVISTA PROCESO # 1869

28 agosto, 2012

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Revista PROCESO # 1859

18 junio, 2012

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De la primavera árabe, mensajes para #YoSoy132…. “A los amigos de México les digo que la libertad vale más que todo, y deben esforzarse por conservarla”

12 junio, 2012


12 DE JUNIO DE 2012 ·
REPORTAJE ESPECIAL

 

Activistas de países donde prendió la llamada primavera árabe recomiendan a los jóvenes mexicanos del movimiento #Yosoy132 que vayan más allá de la espontaneidad y se consoliden en una organización con proyecto. Advierten que no deben sobrevalorar a las redes sociales, ya que éstas son sólo instrumentos en una estrategia más amplia que debe incluir una sólida organización, demandas precisas y la interacción con otros actores sociales.

Para iniciar una primavera política no basta con las redes sociales: es necesaria la valentía y la determinación para difundir el mensaje de inconformidad en las calles y organizar las protestas. Esta es la recomendación que hacen jóvenes protagonistas de la primavera árabe a los jóvenes mexicanos impulsores del movimiento #YoSoy132.

En entrevista con Proceso, Lina Ben Mhenni, candidata al Premio Nobel de la Paz en 2011 por su activismo durante la revolución tunecina, asegura que los movimientos de protesta comenzaron en las calles y no en internet.

Añade que tras la muerte de Mohamed Bouazizi, vendedor de verduras de 26 años que se inmoló frente al palacio de gobierno de su natal Sidi Bouzid en diciembre de 2010, fueron centenares los estudiantes que se volcaron a las calles de Túnez para protestar. Al cabo de tres semanas, ciudades como Kasserine y Regueb eran un hervidero de inconformidad a pesar de que internet ya estaba intervenido por el gobierno de Zine El Abidine Ben Alí.

El estudiante sirio Nora Basha comenta a Proceso que la movilización social ocurrió a partir de que en las mezquitas e iglesias se difundía información entre familiares y amigos, sobre todo después del rezo musulmán de los viernes. Se trataba de una oportunidad que debía aprovecharse, pues era el único momento en que podía reunirse un grupo numeroso sin despertar sospechas entre las fuerzas de seguridad pública.

A la postre, la gente organizó protestas y en esta tarea la comunicación boca a boca tuvo un papel más relevante que internet, explica Bascha.

Los activistas señalan que las redes sociales se utilizaron para medir las reacciones y respuestas de los gobiernos, más que para fines de organización. También se emplearon, dicen, para difundir información al exterior.

Cuando el conflicto explotó en Túnez, los periodistas no quisieron o no pudieron cubrir la revuelta. Por ello, “los canales internacionales de televisión utilizaron el material preparado por los ciberactivistas”. Y es que “nos concentramos en hacer videos y eslóganes pegajosos, así como en difundir videos y fotografías que impactaran al público”, comenta Lina.

Recomendaciones

Para el sirio Basha, los estudiantes mexicanos deben valerse de algunas técnicas empleadas por los sirios: grabar, escribir, hacer videos, hablar con periodistas. Estas acciones, apunta, ayudan a difundir entre la gente el espíritu de cambio; sin embargo, aclara, sólo son una herramienta que favorece los levantamientos.

“Aquellos que se paran al frente, los que dan la cara, son el verdadero motor de la revolución. Facebook y Twitter son elementos de gran utilidad, pero no inventaron el arrojo y la valentía de las masas”, dice.

Y agrega:

“Salen a diario a pesar de las balas, los misiles, los tanques, los francotiradores. Lo hacen a sabiendas de que muchos no volverán a casa. Aunque las redes sociales han permitido la movilización de enormes masas, al final de cuentas es la valentía y determinación de la gente la que hará posible la caída del régimen.”

La primavera árabe fue precedida por movilizaciones contra fraudes electorales en Yemen (2006) y Argelia (2004, 2009). Entre sus antecedentes se cuentan la represión contra huelgas siderúrgicas y textiles en Egipto (1989, 1994), así como los movimientos contra el alza de precios en alimentos, como la “crisis del pan” en Túnez (1984), e insurrecciones de ciudades enteras, como Hama, en Siria (1982).

La represión política vino acompañada del alza de los precios y la falta de oportunidades para los jóvenes. Según las últimas cifras de desempleo publicadas por la base de datos CIA Worldfactbook, alrededor de 20% de los jóvenes sirios y egipcios no tiene empleo. Los números se replican, en mayor medida en Túnez, 23%, y aumentan drásticamente en Yemen, a 35%. La situación se agrava entre las mujeres, pues más de 50% de las universitarias carece de empleo en Egipto y Siria.

A pesar de que en las últimas décadas los regímenes árabes se enfrentaron sin chistar a huelgas obreras y movimientos contra fraudes electorales, sólo se sacudieron cuando los estudiantes comenzaron a movilizarse.

“Los estudiantes son el futuro de un país. Son los más educados y los más proclives al cambio”, dice Basha. Y precisa: “Usan las nuevas tecnologías, pueden hablar con cualquier persona en el mundo y han aprendido acerca de las libertades y los derechos fundamentales”.

Para ilustrar sus afirmaciones se refiere a la Universidad de Alepo, continuamente atacada por las fuerzas de seguridad del régimen de Al-Assad.

“No había muchas protestas en Alepo, la segunda ciudad siria más grande. Una vez que los estudiantes de la Universidad comenzaron a manifestarse por libertad, otros tomaron valor, se les unieron y rápidamente la protesta se diseminó.”

Siria no es la excepción. Las Universidades del Medio Oriente han sido centros de reunión y de asamblea tal y como sucede en la Ciudad Universitaria de la Ciudad de México.

En la Universidad de Sana’a, en Yemen, todavía hay campamentos que sirven para estudiar y protestar. Incluso, la Universidad del Cairo fue el centro donde se concentraron estudiantes que participaron en las cruentas batallas callejeras de enero y noviembre del 2011 contra las fuerzas de seguridad.

“Considero que los estudiantes de una nación pueden crear un movimiento que después será aceptado por los más viejos, por los más jóvenes y por la gente que no tiene la oportunidad de estudiar”, dice Basha.

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Revista PROCESO 1850

16 abril, 2012

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